¿Por dónde empezar?
Ayer les comentaba que mis propósitos para el año entrante son titularme, distraerme menos y aprender a tejer. Claro que a eso hay que agregar leer 52 libros. Y estos propósitos se dividen a su vez en subpropósitos. Explico:
Tengo cuatro libreros que no están muy ordenados, aunque siguen cierta lógica. Uno es literatura escrita originalmente en español, crítica y teoría. Otro es literatura originalmente escrita en inglés, poesía y libros de referencia. El tercero está conformado por literatura traducida al español y libros en francés. El más pequeño tiene el corpus de mi tesis.
Pues bueno, ya hice una revisión de cuáles libros de la lista de los 100 están en mi casa. Son varios. Ayer me paré frente a uno de mis libreros y pensé en la segunda quincena de diciembre: vacaciones, tiempo libre, lecturas y mucha felicidad. ¿Qué escojo? Mi primera opción es leer algo que no haya leído a lo que le traiga ganas y que no esté en la lista de los 100. Mi segunda opción es escoger algo de los 100, pero que ya haya leído antes. La tercera opción es que sean tres libros: uno en español, uno en inglés y uno en francés. Una novela, uno de cuento y uno de poesía. Uno para la mesita de noche, uno para la bolsa y uno para el baño. La otra es cerrar los ojos y tomar un libro a ciegas, esperando que no sea Redacción sin dolor o The Secret Diary of Adrian Mole Aged 13 ¾, que es una maravilla pero no como para releerlo a los 33.
Lo que sé es que parte de los propósitos del 2012 será no comprar libros a menos que sea necesario. Tengo muchos en casa que no he leído. Tengo muchos que quiero volver a leer. Sé que muchos llegarán vestidos de regalos. Sé que si salgo del país compraré algo. Lo que debo evitar es caer en la tentación de entrar a las librerías de siempre, pasearlas y merodearlas, escoger al que me haga ojitos y permitir que se me pegue cuando en casa tengo varios cientos que necesitan un poco de mi atención.
Es probable que cumpliendo este inciso del propósito lecturas cumpla también el imposible propósito de todos los años: ahorrar. Si dejo de comprar tres libros al mes —de los cuales sólo leo uno— dejaré de gastar poco más de 600 pesos. Al final del año tendré 7200 que, bajita la mano, es la mitad del seguro de gastos médicos.
Definitivamente, esto de la planeación me conviene.
¿Ustedes cómo van con esos propósitos? Hay que pensarlos con tiempo y calma, para que no terminen siendo los de siempre: viajar, bajar de peso, hacer ejercicio, dejar de fumar, pelear menos con mi mamá y aprender a hablar otro idioma. Creo que si planeamos con tiempo podemos crear la estrategia que nos permita realizar los propósitos pasito a paso.