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El fantasma de las navidades pasadas

11 enero 2012

Algunos dicen que la vida es cíclica, que todo vuelve: las crisis, las oportunidades, los novios, las amistades… Yo no sé si eso sea verdad. Es cierto que hace un par de años recuperé a la que fuera mi mejor amiga del kínder. Es cierto que caigo en crisis con regularidad y mis emociones podrían considerarse cíclicas. En efecto hay señores que fueron mis novios en la primera juventud y luego regresaron para la segunda vuelta. Pero no deja de sorprenderme cada vez que me encuentro a alguien que pensé que no volvería a ver.

Anoche se me apareció un fantasma. Fui a mi bar de confianza que estaba más o menos vacío y cuando me estaba terminando el primer mezcal entró un muchacho moreno, alto, casi delgado que me pareció muy familiar. Ya lo había visto una vez ahí, pero vestía de traje y ceceaba, así que no podía ser mi primer amigo, mi vecino de ventana, mi cómplice de travesuras… el cuate con el que aprendí a subirme a los árboles, el que me ayudó a recuperar en el pasto las piezas de cada reloj que mi papá me regaló, el de la bici de junto cuando íbamos a la fábrica de galletas a ver qué nos regalaban, al que reté a tomar cocacola con salsa picante y chocolate, el adolescente pandroso con el que compartía pantalones… No. No podría vestir así, ni hablar así.

No me le acerqué. Temo a la decepción. ¿Qué pasa si lo abordo emocionada y lo llamo por su nombre? ¿Qué voy a sentir si no le da nada de gusto verme? ¿Qué tan tonta me voy a ver si ni siquiera es él? ¿Qué tal que casi abrazo a un extraño enemigo?

Anoche estuve a punto de mandar a alguien a preguntarle si era él (como hizo mi amiga del kínder cuando nos reencontramos después de años de no vernos). Pero se fue antes de mi cuarto mezcal y no me animé. Pienso que si ya lo he visto dos veces en el mismo sitio, lo veré otra vez. Anoche alguien en mi mesa me dijo “¿Y si no?”.  Si no, me quedaré esperando a que Saturno termine de darle la vuelta al sol y este muchacho vuelva a aparecer. Puedo esperar mientras sigo acordándome de las llamadas de broma, las navidades compartidas, el temblor de 85 y cómo su hermana se rompió el brazo en la réplica. Poco tuvo que ver aquella caída con el temblor. Salimos y nos encontramos afuera con los vecinos. Los padres empezaron a conversar y terminaron sacando sillas para sentarse en la banqueta. ¿Temían que hubiera otra réplica o andaban en ánimo social? No lo recuerdo. El caso es que los hijos más pequeños sacaron bicicletas y jugaban en la calle mientras los más grandecitos jugaban tochito en el parque. La hermana del fantasma dio un mal paso, cayó y se rompió el brazo… sí, mientras todos los hospitales de la ciudad estaban retacados de víctimas del temblor. Mi papá le alivianó el dolor empinándole un vasito de cognac en lo que sus padres se organizaban para llevarla a un hospital. Luego no sé por qué me extraña que cuando a los 10 años volví de La Paz y le conté, escandalizada, que había visto un borracho en la calle él me contestara “Yo sólo he visto dos borrachos en mi vida, tu papá y el mío”.

Tuve una infancia de muchos sabores, pero hoy los recuerdos me dan calorcito en el corazón: los juegos, los amigos, las meriendas y las travesuras. Fuimos muy ingenuos juntos y yo no puedo imaginarme cómo será mi primer amigo como adulto. Esta mañana está llena de instantáneas que aparecen en mi mente todo el tiempo, niños sentados en bardas comiendo naranja, niños escondidos en cajuelas de señoras que vuelven con el mandado, niños jugando tochito, niños construyendo fuertes de pasto cortado, niños que un día lanzaban avioncitos de un lado al otro de la barda y al siguiente lo que aventaban eran cigarros.

Espero volver a verlo y espero entonces animarme y acercarme, llamarlo por su nombre y correr el riesgo de un feliz encuentro.

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From → that's life...

2 comentarios
  1. A veces tengo deseos de seguir siendo un niño y lo único que me queda es el bombardeo de esas imágenes que me gritan que aún no estoy muerto, que soy el mismo…ojalá que lo vuelvas a encontrar pronto querida.

    • sabina braz Enlace permanente

      No sé, eh… Por otro lado pienso que los nosotros adultos pueden no estar tan padres. Tal vez es mejor quedarse con los buenos recuerdos. En fin. Un abrazo!

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