Renovarse o morir
A estas alturas todos ustedes ya saben lo aficionada que soy a la comedia romántica. Hay quien se burla de mí porque dice que soy el target de cualquier libro que tenga una mujer con una larga falda sentada bajo un árbol leyendo. Es cierto… Pero no sólo eso, también me gustan las versiones modernas de las románticas del XIX, como Pride and Prejudice que hemos conocido con el nombre de Bridget Jones.
Sí, leí el libro antes de ver la película. Me lo prestó una de mis más grandes amigas y recuerdo que al ver la película comenté las diferencias. Pero ahora no me acuerdo de casi ninguna. La película la he vuelto a ver un montón de veces. El libro no volví a abrirlo jamás…
Hay un detalle en la película, chiquitito pero memorable —aunque no recuerdo si ocurre en el libro— en el que estoy pensando ahora. Quiero aprovechar que seguimos en enero para comentar el punto con ustedes:
Hacia el final de la película, cuando Bridget Jones y Mark Darcy están a punto de darse su primer beso, Bridget corre a su habitación a cambiarse de chones porque opina que la ocasión amerita unos muy pequeñitos. Mientras ella se cambia Mark descubre el diario y lee. Ella había escrito una serie de insultos y odios muy subrayados hacia Mark y él, al verlos, sale de la casa de Bridget. Aquí hacemos un paréntesis para preguntarnos por qué Mark lee el diario de Bridget… Yo lo hice alguna vez —el de Bridget y el de alguien más— y sólo puedo decir que “en arca (o email, o teléfono, o diario) abierta hasta el justo peca”.
Entonces Bridget se pone un suetercito encima de los chones chiquititos, unos tenis, y sale corriendo detrás de Mark por las calles cubiertas de nieve. No lo encuentra y cuando vuelve a su casa, tristísima, aparece Mark y le entrega un nuevo diario, para empezar de nuevo. Se besan y la película termina llenando de ilusión nuestros corazones…
Pues bien. Como ya confesé —con mucha vergüenza— yo he cometido la indiscreción de leer cosas personales de otro y así me enteré de cosas que me lastimaron un montón. Pero también hay quienes han emprendido el viaje sin retorno a mis libretas, mis teléfonos y mis correos. Desde un primo y sus amigos, haciendo travesuras hasta algunos gatitos muy curiosos que salieron muy raspados.
Por eso creo que el nuevo año debe traer nuevas libretas, nuevos teléfonos, nuevas direcciones de correo y nuevas actitudes. Desaparecer nombres, palabras, adjetivos y objetos que perturbaron la paz propia y ajena. No vivo en una comedia romántica, así que nadie me iba a regalar mi libreta para un nuevo principio. Pero yo muy mona me la fui a comprar, una diferente a las que compraba siempre. No copié todos los cumpleaños, ni los aniversarios de las cosas más tristes. Creo que para dejar de lastimar a otros y que otros dejen de lastimarme a mí tengo que empezar por dejar de lastimarme yo misma. ¿O ustedes qué opinan?