La celulitis no se quita

Sé que 90 por ciento de quienes lean esta nota están buscando remedios para la desagradable piel de naranja. Comparto su dolor, pero no quiero hablar de eso…

Me refiero a la otra celulitis. A la que no se previene comiendo sanamente y haciendo ejercicio. A la que aqueja a la gran mayoría de los ciudadanos de todo el mundo con acceso a internet. Ese méndigo aparatito que ahora se denomina “inteligente” y al que le creemos más que a nuestra propia madre.

Si usted habita en la ciudad de México, probablemente escuchó la alerta sísmica la semana pasada hacia la media noche. Yo estaba muy acomodada en mi camita, poniéndome al día con mis telenovelas y quedándome medio dormida cuando empezó el ruidajo. Mis pensamientos de ese momento fueron, en este orden:

  1. Alerta sísmica = muerte y destrucción = hay que salir.
  2. ¡Mierda! Mi celular no tiene pilas.
  3. Uta… Se va a despertar el niño.
  4. No lo puedo sacar así, con esa tos y este frío.

Como verá, mi lista de prioridades está ligeramente desordenada… Todo por la celulitis.

Le pongo otro ejemplo:

La prisa de la mañana es muy emocionante. Al que no había despertado del todo, le ayuda mucho el estrés del tránsito para llegar bien animado al trabajo. Todos hemos experimentado esos chisguetazos de adrenalina que provoca un alto que dura, y dura, y dura…

Pues hoy en la mañana me tocó a mí. Desde que volvió a existir la policía de tránsito en esta amable ciudad, uno de los tres semáforos que me tocan por la mañana dura dos o tres eternidades. Por lo general, llevo suficiente tiempo. Pero hoy mientras el semáforo no cambiaba el minutero avanzaba un montón. Temía que no me recibieran al hijo y todo el desastre que eso podría significar.

Saqué el teléfono, lo miré. Lo sostuve entre mis manos mientras pensaba ¿Tuiteo que el semáforo no cambia? ¿Llamo a la escuela para decirles que estoy atrapada en un alto y que por piedad me esperen? ¿Le mando un whatsapp al oficial de tránsito a cargo para que sepa que la fila de los que queremos pasar ya es de más de tres cuadras?

¿Cuál era la lógica de sacar el celular? Sí, sabe cómo estará el clima, anuncia las actividades calendarizadas para el día, me permite mis catarsis en redes sociales y me saca del aburrimiento cuando no cargo libro y me toca esperar. Quizá sí es súper inteligente. Tal vez yo no he sabido sacarle todo el provecho. Sé que podría sugerirme rutas alternas. Sé que puede sonar cuando va a temblar. Me saca de los peores aprietos cuando puedo ponerle una peli a mi hijo en situaciones de estrés.

Cuando lo pierdo de vista siento terrible angustia y a veces es el único capaz de hacerme reír. Pero el celular no va a salvar mi vida… Una parte de mí lo sabe y la otra se niega a aceptarlo. Lo admito: tengo uno de los peores casos de celulitis del planeta.

PD. Nadie me diga nada por mis más de nueve meses de ausencia.

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